26/4/18

Llevarse la copa, la medalla (o la palma).



Esta expresión contiene la ambigua relación paralímpica del filisteísmo actual con la gloria deportiva de la Antigüedad, reciclada en souvenir de consumo masivo. La palma de la victoria es la marca blanca de nuestro desfondado cretinismo. La tiranía democrática ha decidido que tanto el primero como el último de cualquier carrera comercial se cuelguen de su medalla. Lo importante es participar. De acuerdo con el principio de no no contradicción, si es preciso perseguir la excelencia, la mediocridad debe ser descartada a conveniencia. En consecuencia, cualquier mediocre es excelente y toda excelencia debe ser mediocre. Como toda regla, conserva alguna excepción económica: el fútbol. ¿Es preciso aprender ortografía y gramática? ¡Qué atraso, por Belcebú! Mientras acentuar correctamente o escandir el ritmo de una frase con un elegante punto y coma parece atentar contra la botarate creatividad que se supone a cualquier ocurrencia, raya en lo espartano la vociferante exigencia de perfeccionar hasta en el más mínimo detalle los automatismos de rondos y rombos y demás ejercicios balompédicos. Desposeído del laurel, el poeta observa envidioso cómo sólo a labios balbuceantes y roncos puede uno llevarse hoy el Grial del más inmortal aburrimiento, no por eterno sino por su indesmayable repetición.

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