27/10/18

Choque de trenes.


Con tono no por solemne menos excitado, mediante esta histérica expresión se advierte el peligro de no alcanzar el consenso entre dos posturas contradictorias. Según la lógica filistea, no se excluyen, sino que deben reconciliarse sin dejar de ser lo que son y sin tener necesidad tan siquiera de ser. Estrictamente, no admiten contrariedad. Puesto que defender cualquier postura es legítimo, todas ellas serían verdaderas simultáneamente sin que cupiera admitir la falsedad de ninguna, siempre y cuando hayan renunciado al principio de realidad. Según las emociones que suscite, la verdad se transmite de los particulares a los universales y no al revés. Por analogía es especialmente apropiado recurrir a una desfasada metáfora tecnológica. El ferrocarril, signo de la modernidad industrial hace doscientos años, circula hoy en día a alta velocidad por vías sin cruces ni pasos a nivel. Sin embargo, en la imagen que nos ocupa se proyecta el recuerdo cinético de las maquetas eléctricas. Absortos ante su circuito, seguimos anhelando y temiendo la colisión, más lateral que frontal, de dos locomotoras, seguidas de vagoncitos de madera a punto de saltar por los aires ante la boca del agreste y acartonado túnel que representa nuestra historia. ¡Que síiiii! ¡Que nooooo!

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