27/8/19

(No) hay voluntad política.


Donde triunfa la Voluntad, la modernidad impone su tiranía. En la voluntad de Dios, del Rey o del Pueblo nada importa el valor subjetivo del genitivo. Intercambiables, son los sinónimos del ciego arbitrio que rige con (in)justicia el caos organizado de las sociedades humanas. Dice el refrán que la excepción confirma la regla. Dicta el actual (sin)sentido común que es exigido a cualquier regla confirmar la excepción. De hecho, no existe otra norma que lo excepcional. No brilla realidad más deslumbradora que el deseo: una ausencia cuya mención requiere atropellados balbuceos. La convención más estrafalaria deberá ser naturalizada. Se decreta que no existe la naturaleza, sino sólo un conflicto de convenciones que deben convivir racionalmente. Sólo lo convencional es real. A continuación, se insistirá en que cualquier pretensión natural es irreal y, en consecuencia, irracional. Finalmente, la convención más radical adoptará una carta de naturaleza incuestionable. Es preciso que triunfe hasta lograr la proscripción de las costumbres tradicionales que serán catalogadas como delito. Un ejemplo. Asoman las primeras ocurrencias que asocian el modelo de la familia numerosa con la crisis medioambiental. Imagínense a qué misión se reserva la orgullosa función modélica de cumplir, trashumana y de alquiler, la conciencia ecológica.

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