7/9/17

En sede parlamentaria, en sede judicial....


Mientras que parece que la liturgia católica se afanase por disfrazarse de la falsa naturalidad de un oficio profesional, la función civil gesticula pomposamente por si cuela su falta de escrúpulos con el uso de una jerga diabólica de palabras inconsistentes. Así, en lugar de acudir a un juzgado o a un parlamento, que un sentido monárquico del gobierno sitúa en palacios, la estrafalaria combinación mesócrata de nuestro republicanismo se refiere a ellos con la tortuosa construcción sintáctica y semántica que nos ocupa. Con la mala conciencia de haberse olvidado de ella -de la conciencia-, los filisteos quisieran apropiarse de las solemnes hipóstasis de una trinidad gnóstica, bajo la forma de división de poderes, con un chapucero complemento circunstancial del que haya que suprimir todo determinante. Abstractas, gloriosas, inmarcesibles, la timba o la lonja o el burdel en que han sido encarnados a mala fe los conceptos de representación y soberanía se esfuerzan por rebañar los escasos efectos digitales de una transfiguración ya muy distorsionada. La potestad de una autoridad espiritual, alzada sobre una sedada imagen sedente, apenas puede ocultar el “lugar donde tiene su domicilio una entidad económica, deportiva, literaria, etc.”. Etcétera.

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